Sobre fraudes, marchas y discriminaciones

«Todos son iguales. Pero algunos son más iguales que otros» —George Orwell. Rebelión en la granja, 1945

Por: Miguel Ángel Castro Mattos

Rafael López Aliaga sigue descendiendo a los abismos de la inmoralidad y la impunidad, abriendo más la distancia entre aquellos peruanos bajo el imperio de la ley y aquellos que pueden ser absolutamente impunes.

Ayer estuve documentando todo en la marcha de los que pretenden afirmar la existencia de un fraude en los resultados de las últimas elecciones.

Y veía como a los blancos que marchan se les permite absolutamente todo: cerrar calles, crear tráfico, generar bulla, insultar. Y no habrá para ellos detención, gas lacrimógeno, dispersión, golpes o encierro en las calles.

En cambio, si se sale a manifestar contra el gobierno, corres el riesgo de dormir en Cotabambas o en la Dircote. O de terminar con una bomba lacrimógena partiéndote la tapa del cráneo. O tu bus llevado al almacén y tú preso por pedir que cesen las extorsiones.

El Pastor Agapito Robles: Fe, Acción Social y Recuperación de Tierras en Cerro de Pasco

Nueva Publicación: Oscar Amat y León, «El Pastor Agapito Robles: Fe, Acción Social y Recuperación de Tierras en Cerro de Pasco», Documento de Trabajo, 7 de mayo 2026, Centro de Investigación en Religión y Política (CIERP) y Fundación Wilberforce del Peru.

Nueva Publicación

Miguel Castro, Alcides Chinchay Castillo y Alberto R. Salazar V., «Apuntes para una Agenda de Investigacion sobre Inteligencia Artificial y Derechos Humanos», Documento de Trabajo, 3 de Mayo 2026, Fundacion Wilberforce del Peru.

Las condiciones para seguir a Jesús

Reflexiones sobre el Podcast «La Otra Lectura del Evangelio» de Jesús Peláez: https://www.youtube.com/watch?v=J0Y8pmlHz0c

1. Más católicos en el mundo, pero ¿más o menos discípulos?

«A partir de 2018, hay dieciséis millones más de católicos en el mundo. En total había mil trescientos cuarenta y cinco millones de católicos registrados a finales de 2019, es decir, el 17,7% de la población mundial.»

«Los datos son concluyentes: la religión católica tiene un fuerte predominio en nuestro mundo actual. Claro que las estadísticas son del número de bautizados… Estas cifras no nos dicen cuántos de los bautizados cumplen en sus vidas con las condiciones que Jesús pide a sus seguidores. De esto, ciertamente, no tenemos -ni tal vez podamos tener- estadísticas. Menos mal. Pues así como el número de católicos ha aumentado en el mundo, tal vez no podamos decir que ha aumentado el número de seguidores de Jesús.»

2. ¿Es lo mismo ser católico, que ser cristiano?

«Y es que para ser católico -que no es igual que ser cristiano o seguidor de Jesús de Nazaret- la Iglesia exige en realidad muy poco. Por lo común, se bautiza a los niños recién nacidos, y apenas se exige nada a sus padres; todo lo más, la asistencia a unas charlas preparatorias del acto del bautismo y el vago compromiso de actuar en cristiano, educando al niño según la Ley de Dios y de la Iglesia.»

Otra vez nos encontramos con una discusión que más allá de los asuntos semánticos, tiene profundo significado teológico: ser católico (o evangélico), ser cristiano y ser discípulo, ¿cuándo se volvieron cosas tan diferentes y, en algunos casos, tan opuestas?

«Sin embargo, esto no era así al principio. Para ser cristiano, o lo que es igual, discípulo y seguidor de Jesús, este ponía unas duras condiciones que llevaban a pensárselo seriamente a quien quería ser su discípulo. Pocos seríamos cristianos si, para ello, tuviéramos que cumplir a raja tabla las tres condiciones exigidas por Jesús a sus discípulos:

3. Lo que cuesta seguir a Jesús

Primera condición: Jesús tiene la prioridad

“Si uno quiere ser de los míos y no me prefiere a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a sí mismo, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,26). Para el evangelista Lucas, el discípulo debe subordinarlo todo a la adhesión al maestro o, lo que es igual, a creer en él. Si en el propósito de instaurar el reinado de Dios, Evangelio y familia entran en conflicto, de modo que ésta impida la implantación de aquél, la adhesión a Jesús tiene la preferencia. Jesús y su plan de crear una sociedad alternativa al sistema mundano están por encima de los lazos de familia. En otro lugar dice el evangelista Lucas que “llegó su madre con sus hermanos, y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Una multitud estaba sentada en torno a él. Le dijeron: -Mira, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Él les replicó: -¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en corro en torno a él, dijo: -He aquí mi madre y mis hermanos. Quienquiera que lleve a efecto el designio de Dios, ese es hermano mío y hermana y madre”.

«En este texto se da un claro contraste entre la familia de Jesús que se queda fuera y los que están sentados en corro en torno a él, esto es, los que creen en él y se han adherido a su enseñanza. La madre y los hermanos representan en este pasaje al antiguo Israel del que procede Jesús y a los judíos de su comarca. Jesús no sale fuera, sin embargo, sino que se vuelve a los que están sentados en torno, indicando que va a crear una nueva familia, independiente de la raza que sean, o del pueblo al que pertenezcan, formada por “quienes cumplen el designio de Dios”, o lo que es igual, quienes se adhieren a su estilo de vida. Jesús no se considera vinculado a su pueblo (madre, hermanos) que rechaza el mensaje (“que están fuera y que quieren que salga del círculo de seguidores”), sino a cualquiera que le dé su adhesión.»

«Con anterioridad a esta escena dice el evangelista que “fue a casa, y se reunió de nuevo tal multitud de gente que no podían ni comer. Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio” (Mc 3,21). Y también los letrados decían de Jesús: “Tiene dentro a Belcebú” (Mc 3,22) y más adelante: “Es que iban diciendo: -Tiene un espíritu inmundo” (Mc 3,30). Para el antiguo Israel, que rechaza a Jesús, este se identifica con Satanás. De esa misma idea participan sus discípulos a lo largo del evangelio en el que Jesús llega a llamar a Pedro nada menos que “Satanás”, al que era representante del grupo de los doce, pero partícipe de la doctrina oficial de los fariseos” (Mc 8,33).

Segunda condición: cargar con la cruz

“Quien no carga con su cruz y se viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,27). Cargar con la cruz se ha entendido como aceptar las dificultades de la vida con resignación, e incluso en sentido más positivo, sacrificarse por los demás. Pero no se trata de hacer sacrificios o mortificarse, que se decía antes. No. Se trata simplemente de aceptar que la adhesión a Jesús conlleva la persecución por parte de la sociedad, persecución que hay que aceptar y sobrellevar como consecuencia del seguimiento. Por eso hay que pensárselo seriamente antes para no hacer el ridículo. “Ahora bien, si uno de vosotros quiere construir una torre ¿no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? Para evitar que, si echa los cimientos y no puede acabarla, los mirones se pongan a burlarse de él a coro, diciendo: -Este empezó a construir y no ha sido capaz de acabar-. Y si un rey va a dar batalla a otro, ¿no se sienta primero a deliberar si le bastarán diez mil hombres para hacer frente al que viene contra él con veinte mil? Y si ve que no, cuando el otro está todavía lejos, le envía legados para pedir condiciones de paz.” No hay que precipitarse. Hay que sopesar las fuerzas a la hora de decidir hacerse discípulo suyo.»

Tercera condición: renunciar a lo que tiene

«Por si fuera poco dar la preferencia más absoluta al plan de Jesús y estar dispuesto a sufrir persecución por ello, el evangelio continúa: “Esto supuesto, todo aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser discípulo mío.” Casi nada. Así como suena. Renunciar a todo lo que se tiene es condición para ser discípulo de Jesús, pues esta renuncia es el camino idóneo para poner fin a una sociedad injusta en la que unos acaparan en sus manos los bienes de la tierra que otros necesitan para sobrevivir. Sólo desde el desprendimiento se puede hablar de justicia, sólo desde la pobreza se puede luchar contra ella. Sólo desde ahí se puede construir la nueva sociedad, el reino de Dios, erradicando la injusticia de la tierra.»

Para quienes quitamos con frecuencia lo que incomoda del Evangelio, para quienes nos gustaría que las palabras y actitudes de Jesús fuesen menos radicales, leer estos textos resulta muy duro, pues el Maestro nazareno es tremendamente exigente.

«Las condiciones que exige Jesús a sus seguidores, no obstante, son formulaciones extremas, representan la utopía, la meta a la que hay que tender. Pero, de hecho, se comienza a ser seguidor de Jesús cuando uno se pone en el sendero que conduce a la meta. No debe cundir, por tanto, el desánimo. Antes bien, de cada uno de nosotros depende dar los pasos necesarios para alcanzar la meta, aunque nos lleve toda una vida. En esto consiste realmente ser cristiano o seguidor de Jesús, algo realmente muy distinto de ser católico o estar bautizado, sin más compromiso.»

4. Preguntas para la reflexión

  • ¿Dónde se nos ha quedado la utopía en la conciencia eclesiástica? ¿Con que otros proyectos religiosos hemos reemplazado el horizonte exigente del proyecto de Jesús?
  • ¿Cuál es el compromiso que perseguimos al identificarnos con una organización eclesial?: ¿traer más gente, entregar todo nuestro tiempo y recursos a la organización, hacer «carrera» dentro de la Iglesia, llenar nuestro vacío personal?
  • ¿Qué sentido tiene ser parte de una Iglesia si no se asume el compromiso del seguidor y el horizonte utópico y transformador del proyecto cristiano? ¿Podrá acaso una fe como esa, salvarnos?

Un cristianismo indignado

Juan José Tamayo

Publicado originalmente por Juan José Tamayo, en Religión Digital: https://bit.ly/45HEW9P Conferencia pronunciada en el Foro Espiritualidad, Democracia y Ciudadanía. Guatemala – 21 de agosto de 2025

El Movimiento de los Indignados, nacido en la emblemática Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011 y muy pronto extendido por todo el mundo, fue un fenómeno que cambió las preguntas a los diferentes poderes políticos, económicos, incapaces de proponer alternativas para resolver la crisis provocada por el mundo de las finanzas tres años antes, que, como todas las crisis, la pagaron los sectores más vulnerabilizados. También cambió las preguntas a las religiones y a no pocos teólogos cristianos acostumbrados a ofrecer respuestas del pasado a problemas del presente.

A las nuevas preguntas planteadas por aquel movimiento hace catorce años pretende responder un cristianismo radical que reformula la figura de Jesús de Nazaret dándole un nuevo título que creo responde mejor a la vida, mensaje y práctica de Jesús el Galileo que otros títulos que se le han aplicado hasta negar su humanidad: Indignado.

La indignación y la resistencia de Jesús fueron las prácticas revolucionarias durante su actividad pública, tanto en el terreno religioso como en el político, ambos inseparables en una teocracia, el criterio ético que guió su vida y la clave hermenéutica que explica su trágico final. Vamos a verlo a continuación en seis escenarios de su vida y de su actividad pública, que constituyen el referente para el cristianismo actual en las nuevas coordenadas históricas.

1. Indignado con la religión oficial

Los evangelios oponen dos interpretaciones de la religión. Una es la legalista, que se traduce en estricto cumplimiento de la letra de la ley sin atender al espíritu y desemboca en ortodoxia. Otra es la humanista, que busca la liberación de las esclavitudes a las que los poderes someten a los seres humanos. Lo que está en juego en ambas interpretaciones es el lugar y la función de la religión en la sociedad y la actitud ante la ley. 

La actitud de Jesús fue de indignación con la religión oficial y sus intérpretes, que anteponían el cumplimiento de la ley al derecho a la vida e incitaban a la venganza en vez de llamar al perdón. Cuando estaba en juego la vida, la libertad y la salud de las personas, infringió las leyes judías del ayuno y del sábado y justificó que sus discípulos las incumplieran.

Comió con pecadores y publicanos y ante el escándalo de los bien-pensantes de aquella sociedad por tan heterodoxo comportamiento, les explicó su gesto. La comida con gente descreída y excluida era el ejemplo visible de la presencia de Dios entre los marginados, la prueba de que la salvación no llegaba a quienes se creían justos, sino a los que transgredían la ley. Mayor escándalo e indignación todavía provocó al afirmar que las prostitutas precederían a los escribas y fariseos en el Reino de los cielos. Colocó en el centro del nuevo movimiento igualitario la práctica de las Bienaventuranzas, carta magna de la nueva sociedad.

Osó corregir la ley mosaica, eliminando su lado violento y vengativo (Mt 5,38) y poniendo en el centro la práctica del bien y del amor a todas las personas. Se opuso a la venganza y abogó por el perdón y la reconciliación. Rechazó el odio a los enemigos y llamó al amor.

Uno de los pilares en que se sustentaba la religión de Israel era el código de pureza, que Jesús transgrede y considera una trampa para no cumplir con los más elementales deberes humanos como la atención y el sustento a los padres (Mc 7,10-12). En el planteamiento moral de Jesús hay un desplazamiento del concepto y de la práctica de la santidad: de la pureza legal a la ética de la projimidad, ejemplificada en el Buen Samaritano y en su moraleja: “vete y haz tú lo mismo”.

2. Indignado con las autoridades religiosas

Las autoridades religiosas vivían una escisión entre la realidad y la apariencia. Su actitud no podía ser más hipócrita: decían y no hacían, absolutizaban la Torá e imponían al pueblo cargas legales que ellos mismos no cumplían. Daban constantemente muestras de ostentación y buscaban el reconocimiento de la gente a través de gestos altivos. Les encantaba pasearse con amplios ropajes y ser reverenciados en las plazas. Les gustaba ocupar los primeros puestos en los banquetes y en la sinagoga.    

Jesús les acusa de una profunda ruptura entre interior y exterior, labios y corazón, culto y justicia. Lo pone de manifiesto Jesús citando al profeta Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que dan es inútil, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos” (Is 29,13). Amén de la referida ruptura, se subraya la sustitución de la palabra de Dios, que humaniza, por las tradiciones humanas, que oprimen la conciencia. Un ejemplo de tal suplantación es ofrecer al templo como donativo lo que debería darse al padre y a la madre para su sustento.

La actitud hipócrita de las autoridades religiosas es una clara discrepancia entre lo establecido por la ley y su actuación. Las acusa de corrupción: “devoran las casas de las viudas” (Mt 12,40). Tal comportamiento resultaba inmoral. Pero hay más: se establece una estrecha relación entre el expolio a las viudas y el cumplimiento de la práctica religiosa. Los largos rezos sirven de “pretexto” para extorsionar económicamente a las viudas.

Les echa en cara su dureza de corazón, provocada por el legalismo, que torna a las personas insensibles al sufrimiento ajeno, impide el amor a las personas necesitadas y dificulta la solidaridad. La autosuficiencia es otra de las críticas que Jesús dirige a los guías religiosos de Israel. La parábola del fariseo y del publicano retrata perfectamente su autosuficiencia, que desemboca en elitismo (Lc 18,9-14).   

Pero quizá la mayor crítica que Jesús les dirige es la falta de autoridad doctrinal y moral de la que presumían y la falsedad de su magisterio. Más aún, las desacredita y desautoriza. No le merecen el menor respeto.

3. Indignado con el poder económico

La acumulación de bienes fue uno de los motivos más importantes de la indignación de Jesús, convencido como estaba de la incompatibilidad entre servir a Dios y al dinero, de que toda riqueza es injusta y se convierte en un medio de dominación y de opresión de las minorías opulentas contra las mayorías populares. El apego a la riqueza es tan fuerte que las personas ricas no atienden a razones ni divinas ni humanas.

Jesús cuestiona las raíces materiales y religiosas –generalmente unidas- de la exclusión y luchó por erradicarlas. Se pone del lado de los grupos marginados social, política y religiosamente: publicanos, pecadores, prostitutas, personas enfermas, paganas, samaritanas y gente considerada “de mal vivir”. Era en su compañía como se encontraba más a gusto. Era compartiendo mesa con dichas personas como se sentía feliz.

4. Indignado con el poder político

La indignación de Jesús subió de tono en el enfrentamiento con los poderosos, a quienes acusó de opresores, y con la tiranía que imponía Roma a su pueblo. Precisamente la condena a muerte de Jesús, y muerte de cruz, dictada y ejecutada por la autoridad romana, fue la consecuencia lógica de la indignación con el poder político, a quien negaba legitimidad, y contra el Imperio, a quien consideraba invasor. El reino de Dios que él anunciaba constituía el mayor alegato contra el Imperio, como ya expuse en el capítulo dedicado al cristianismo contrahegemónico.

Jesús mantuvo permanentes choques, directos o indirectos, con las autoridades políticas. Conflictiva fue su relación con Herodes Antipas, quien asociaba a Jesús con Juan Bautista. Herodes temía que el pueblo, amotinado por el Bautista, se levantara contra él. Por eso mandó ejecutarlo. El mismo temor sentía hacia Jesús, a quien le llega un recado de que abandone el territorio de Tiberíades porque Herodes quería matarlo. Pero Jesús no se pliega ante la amenaza herodiana. Más bien hace frente a Herodes llamándole “don nadie” (Lc 13,32) y sigue su camino.

En un sistema teocrático, religión y política son inseparables. En el modelo imperial de dominación romana se daban conexiones estrechas entre las instituciones religiosas y las políticas. Uno de los momentos de mayor tensión en el enfrentamiento con los autoridades religiosas y políticas fue el de la actividad de Jesús en torno al templo de Jerusalén, y más en concreto, la escena de la -mal llamada- “purificación del templo” (Mt 21,12-17; Mc 11,15-19; Lc 19.45-48).

5. Indignado con el patriarcado 

Jesús mostró su indignación con la sociedad y la religión patriarcales de su tiempo. El cristianismo histórico ha mantenido oculta esa actitud durante muchos siglos, con más empeño incluso que las indignaciones antes descritas, ya que las iglesias cristianas han elaborado una cristología androcéntrica y se han configurado patriarcalmente. Tampoco la exégesis descubrió esa indignación ya que ha operado, hasta muy recientemente, con métodos histórico-críticos consciente o inconscientemente misóginos.

Jesús denunció las múltiples marginaciones a las que eran sometidas las mujeres por la religión y la política, se opuso a las leyes que las discriminaban (lapidación por adulterio, libelo de repudio) y las incorporó a su movimiento en igualdad de condiciones que a los varones y con el mismo protagonismo, como expuse en el capítulo dedicado al cristianismo comunitario fraterno-sororal. El movimiento de Jesús comenzó precisamente en Galilea en el seno de un grupo de mujeres emancipadas del patriarcado, que lo acompañaron hasta el momento trágico de su crucifixión y fueron las primeras testigos de la experiencia de la Resurrección, que dio origen a la Iglesia cristiana. Fue en el movimiento de Jesús donde ellas recuperaron la dignidad que les negaba la religión oficial, la ciudadanía que les negaba el Imperio y la libertad que les negaban sus conciudadanos varones.

6. Indignado con Dios

Fue sin duda la indignación más dolorosa, la que más desgarro interior le provocó y la que puso a prueba su fe y su esperanza. Jesús se había dirigido a Dios con plena confianza y familiaridad llamándole cariñosamente Abba. Le experimentaba como una persona de quien podía fiarse plenamente. Dios era el centro de su vida, el horizonte de su proyecto liberador, el sentido de su existencia. Pero no el Dios lejano, sino el Dios de la esperanza, compasivo, abogado de la gente empobrecida. Nada había que lo separara de él.

Sin embargo, llegado el momento de la prueba y de la persecución en Getsemaní, Jesús siente pavor, angustia, una profunda tristeza, y vuelve a dirigirse a Dios con la misma confianza con que lo había hecho antes, para comunicarle el terrible trance por el que estaba pasando y la crisis de sentido que le rondaba. Es en ese momento en el que el conflicto con Dios se muestra en toda su radicalidad. Le pide cuentas a Dios por no estar de su lado cuando le llega el agua al cuello.

Estando en la cruz, le expresa su más profunda decepción y lanza un grito de protesta y de angustia: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15,34). Le pide cuentas por haberle abandonado. La crisis de fe y de esperanza había tocado fondo. En ese momento, al decir de Jürgen Moltmann, “sintió desesperación”.

Esa es la gran paradoja del Dios cristiano: cuando se le siente cerca, parece alejarse; cuando se recurre a él, da la impresión de que no escucha; cuando se le busca, parece que nunca se le encuentra. Y viceversa: habla en el silencio, acompaña en el camino sin ser visto. Es solidario en la distancia. Jesús también experimentó esa paradoja en su relación con Dios.

Estas manifestaciones de la indignación de Jesús de Nazaret a lo largo de su actividad pública con Dios, los poderes económicos, políticos, religiosos, patriarcales, y con quienes los detentaban constituyen un desafío para los cristianos y cristianas de hoy, pero también para las ciudadanas y los ciudadanos indignados con causa. Y no para sacralizar la lucha de los Indignados, sino para sumar fuerzas y razones a favor de la indignación contra las injusticias de nuestro mundo, generadas por la religión del mercado, que ha sometido a su tiranía a la religión, la política, la economía, la ética, y hasta la conciencia de no pocos ciudadanos y ciudadanas.

La convergencia de voces, manos, voluntades, utopías, proyectos emancipatorios y sueños “despiertos” puede liberar del fatalismo histórico, que atenaza hoy a la humanidad, y deja abierta la puerta a la esperanza de “otro mundo posible”. Porque no todo está perdido. ¡Hay alternativas! Y la indignación de Jesús y de sus seguidores y seguidoras puede contribuir a su búsqueda.

¿Son pocos los que se salvan?

Selección de textos de Rafael García Avilés, tomados de la página web “Llamados a ser libres”: www.rafaelj.net con listas de comentarios de Oscar Amat y León.

Lectura: Lucas 13: 22-30 NVI

22 Continuando su viaje a Jerusalén, Jesús enseñaba en los pueblos y aldeas por donde pasaba. 23 —Señor, ¿son pocos los que van a salvarse? —le preguntó uno. 24 —Esfuércense por entrar por la puerta estrecha —contestó—, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán. 25 Tan pronto como el dueño de la casa se haya levantado a cerrar la puerta, ustedes desde afuera se pondrán a golpear la puerta, diciendo: “¡Señor, ábrenos!”. Pero él les contestará: “No sé de dónde son ustedes”. 26 Entonces dirán: “Comimos y bebimos contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas”. 27 Pero él les contestará: “Les repito que no sé de dónde son ustedes. ¡Apártense de mí, todos ustedes hacedores de injusticia!”. 28 »Allí habrá llanto y crujir de dientes cuando vean en el reino de Dios a Abraham, Isaac, Jacob y a todos los profetas, mientras a ustedes los echan fuera. 29 Habrá quienes lleguen del oriente y del occidente, del norte y del sur, y participarán en el banquete en el reino de Dios. 30 En efecto, hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.

CUATRO COSAS BIEN DICHAS:

  1. ¿Son pocos los que se salvan?

            «Por culpa de equivocadas respuestas a esta pregunta, muchos creyentes han vivido angustiados en los últimos dos mil años, y esa angustia les ha impedido gozar de la alegría de la salvación: el miedo al castigo eterno y la imagen de un Dios justiciero y vengativo les han impedido gozar de la dicha de saber que Dios es un Padre bueno que no es capaz más que de hacer el bien a sus hijos.»

  • Pululan los creyentes angustiados, incapaces de disfrutar de la alegría de la salvación y, por tanto, derramando aprensión como estilo de vida entre las personas que les rodean.
  • Se manifiestan como gentes con problemas de confianza para efectuar acciones en la realidad y, por tanto, generan inseguridad y temor entre quienes les rodean.
  • Son personas con miedo y temor de naturaleza religioso porque piensan que la mejor manera de ser buenos creyentes es tener la imagen de un ser controlador al lado suyo, que está verificando constantemente sus errores y fallas, al cual, en el momento que le dejen de complacer los va a descartar como un vaso desechable.

2. ¿Dónde está la salvación?

«La salvación, como el reino de Dios, no es una realidad perteneciente a la otra vida, al más allá, que sólo se puede alcanzar después de la muerte; la salvación del hombre consiste en participar de la vida de Dios, por lo que, desde el momento en que una persona acepta la fe en Jesús y se incorpora a la comunidad cristiana, recibe el Espíritu y puede llamar a Dios «Padre», desde ese mismo momento puede decir que ya está salvado.»

  • Los discursos religiosos tradicionales nos preparan tanto para la otra vida que terminamos perdiendo de vista la vida que nos ha tocado vivir.
  • Como consecuencia de ello, no solo desperdiciamos el tiempo que tenemos, sino que nos volvemos irrelevantes para el aquí y el ahora. No se puede contar para mucho con estas personas porque andan enfocados en la vida del «más allá».
  • De esta manera hemos pervertido la idea vital de salvación, en un principio de adormecimiento o de justificación de la inacción pensando que lo importante no es lo que pasa en la realidad, sino solo en «el otro mundo».

3. La famosa «puerta estrecha»

«El proyecto de Jesús, construir un mundo de hermanos, es una empresa capaz de entusiasmar a cualquiera; pero el entusiasmo, por sí solo, no basta; es necesario el esfuerzo, el compromiso personal con el proyecto de Jesús y la voluntad firme de asumir los riesgos que supone ponerse en el camino para seguir sus pasos.»

  • La renuncia al seguimiento del proyecto de Jesús (es decir, «el compromiso personal con la apasionante pero dura y conflictiva tarea de convertir este mundo en un mundo de hermanos» y hermanas) es una de las claves de la pérdida de vigencia de las iglesias en el mundo. Hemos reemplazado lo importante de la acción transformadora de Jesús por un desarrollo de programas eclesiales que intentan justificar la existencia de las iglesias y sus liderazgos. Imperios nada cristianos se siguen construyendo sobre la base de la traición al proyecto de Jesús.
  • Las iglesias comprometen a sus seguidores a trabajar para las instituciones religiosas, construyendo sus propios reinos en este mundo, y los seguidores terminan comiéndose el cuento para terminar -al final de sus días- dándose cuenta del engaño y, trasladando injustamente, la responsabilidad de su frustrada vida a la fe cristiana o a Dios mismo.
  • Otros y otras sí comprenden las implicancias del proyecto de Jesús, sin embargo, los riesgos que éste trae consigo: el llamado al cambio de vida, la pérdida de poder o de popularidad, la renuncia a ciertos beneficios, o las presiones que reciben de parte de los poderosos de este mundo, generan cobardía. En estas gentes más puede la comodidad que el atreverse a gastar e invertir la vida.
  • El cuento de la «puerta estrecha» termina siendo la clara llamada de muchos líderes religiosos a concentrarse en una espiritualidad desencarnada y desentendida respecto de los problemas reales de este mundo, que son los que Jesús quiere enfrentar con su proyecto del Reino de Dios.

4. El requisito o condición necesaria: la práctica de la justicia

            «Por eso, la puerta se mantendrá abierta a todos menos a los que practican la injusticia. La cuestión parece clara. Construir un mundo en el que todos seamos hermanos debe realizarse sobre una base previa: la práctica de la justicia. La fraternidad es la meta final; la implantación de justicia es una condición absolutamente necesaria, porque no puede haber salvación donde no hay justicia, no puede haber hermandad si las relaciones humanas no se fundan en el respeto a los derechos inalienables de las personas.»

  • La puerta es estrecha, pero todos y todas pueden entrar, con una condición: la búsqueda de la práctica de la justicia. Porque no puede haber comunidad fraternal ni sororal que no se base en la búsqueda de la justicia. No confesarlo así es una contradicción con la naturaleza de la práctica de Jesús.
  • Donde no hay práctica de la justicia, no hay proyecto de Jesús y tampoco hay salvación. Fuera de la justicia, no hay salvación. Puede haber instituciones religiosas, puede haber música, espectáculo y estridencia religiosa, pero no hay salvación.
  • Y la práctica de la justicia se relaciona concretamente con el respeto de los derechos y la dignidad humana. Allí donde campea el autoritarismo, la arbitrariedad, la impunidad, la violencia que viene del mal ejercicio del poder, las prebendas y beneficios personales, la vigencia de la corrupción, tantas veces bendecida por los líderes religiosos de nuestro tiempo, en todos estos casos, hasta pueden llamarse «iglesias», pero no hay salvación.

REFLEXIÓN FINAL:

«No. No basta con pertenecer a una organización que se llame cristiana. No es suficiente con poder mostrar un certificado de bautismo. Ni mucho menos alcanza al mínimo necesario decir que formamos parte y defendemos nuestra cultura cristiana. No tenemos más que ver cómo, en nuestra época, se presentan como “cristianas” organizaciones y personas, incluso algunos gobernantes, que promueven un modelo de convivencia y unas políticas que dan como resultado un orden mundial radicalmente injusto; y muchos de esos grupos y de esos gobernantes no dejan de referirse a sus convicciones y prácticas religiosas. Los que cierran la puerta de la salvación —es decir, a una vida digna y humana a otros seres humanos se están cerrando la puerta de entrada al reinado de Dios.»

Los antiderechos no son conservadores

A raíz del hecho que la academia parece haber despertado a la idea de considerar la importancia de la acción política de los sectores religiosos evangélicos y fundamentalistas, ha surgido la necesidad de encontrar una nomenclatura que se ajuste a las características de su accionar. Y una de las primeras formas en que los académicos se han referido a estos grupos es denominarlos «conservadores» o «ultra conservadores».

En realidad me parece un término poco feliz para describir la manera de hacer política de, por ejemplo, Muñante y compañía en el Congreso del Perú. Mucho premio llamar «conservadores» a estos sectores antiderechos. Porque el evangélico promedio es efectivamente conservador, especialmente en lo moral y lo religioso, pero ese mismo evangélico promedio no es fundamentalista, ni vota necesariamente a favor de la agenda moral profamilia y provida.

En una investigación realizada por Betsabeth Condor y Oscar Amat y León, en los departamentos de Lima, San Martín y Ayacucho se realizó una encuesta a más de 1000 personas evangélicas, entre los resultados más interesantes figuran los siguientes:

  • Más del 80% de los encuestados conocían al movimiento «Con Mis Hijos No Te Metas».
  • Más del 60% opinaba que los evangélicos sí deberían participar en política.
  • Más del 60% opinaba que era necesario que las/los estudiantes recibieran una formación en Educación Sexual Integral en los centros educativos.
  • Casi el 80% de los encuestados pensaba que la educación con enfoque de género es peligrosa para la niñez peruana.
  • Más del 20% de los evangélicos encuestados creían que las mujeres tienen derecho a interrumpir su embarazo por algún motivo, especialmente en casos de riesgo de vida de la mujer.
  • Y el 40% de los encuestados no creía que el movimiento feminista tuviese como objetivo la destrucción de la familia en el país.

Se puede consultar el documento completo de esta investigación en:

¿Por qué entonces, favorecer el uso de un término que parece que vuelve más grande y más numeroso al movimiento antiderechos? Es innecesario. Creo que una de las alternativas éticas que hay que profundizar para fortalecer la democracia es hacer el deslinde entre la mayoría de los evangélicos, probablemente conservadores, pero también personas interesadas en la justicia y en el bien común, distingiéndolos conceptualmente de esta otra camarilla de «políticos de Cristo», como diría el profesor Leonildo Silveira para referirse a estos aventureros de la política, quienes están obnubilados con su tarea de detener el avance de los derechos humanos en el Perú porque sienten que los cambios que están ocurriendo en el mundo les lleva a perder el poder y el control religioso con el que han estado acumulando: dinero, influencia y presencia pública.

No actúan en la política porque quieren defender su postura ética o moral, ni para defender los intereses de los evangélicos como grupo social; lo que pretenden es asentarse en el poder religioso y político para beneficiarse económicamente a sí mismos y a sus empresas eclesiásticas, y para obtener poder para lograr imponer su visión reaccionaria del mundo a toda la ciudadanía. Para esto no les interesa restringir la libertad de las personas, promover el retiro del Perú del sistema internacional de derechos humanos o restringir el trabajo de las ONG que actúan del lado de las personas que sufren vulneración de su dignidad. Para ellos todo vale, si de restringir derechos se trata.

En este sentido, los políticos antiderechos han perdido el rumbo ético. Su enfoque es obtener resultados a cualquier costo, incluso utilizando la mentira, la desinformación o la intimidación. De conservadores estos señores no tienen nada. Sin embargo, para tratar de camuflarse con el sector evangélico, se disfrazan de líderes religiosos con discursos que invocan textos bíblicos en eventos y marchas que aparentemente tienen un contenido religioso o moral, cuando en realidad son meras acciones políticas. Si tuviéramos que utilizar un lenguaje típicamente religioso diríamos que los evangélicos antiderechos han entrado a la política y han terminado contaminándose con los esquemas mundanos que decían combatir. «Han sido pesados en balanza y han sido hallados faltos». (Daniel 5:27)

¿Es un crimen ser gay?

En efecto, hay un grupo de personas opositoras a Alejandro Muñante y de todo lo que representa, que están difundiendo esta imagen como signo de que dicho personaje sería un «gay arrepentido». O sea, alguien que asumió y vivió su orientación sexual alternativa, pero que movido por una ideología religiosa postuló luego que todo lo LGTBIQ+ es la encarnación de lo satánico.

El panorama real acaso sea mucho peor. No se trata de un individuo que decide particularmente y para efectos de su muy peculiar existencia que ser LGTBIQ+ es algo «malvado» que «debe» ser objeto de «conversión» para volver al «camino correcto».

Se trata de alguien que postula que como Iglesia se debe hacer una campaña que invite a todos los integrantes de la comunidad LGTBIQ+ a que «asuman» y a que «reconozcan» que tener una orientación sexual distinta de la heterosexualidad es algo intrínsecamente perverso, que ningún individuo podrá ser una buena persona, un correcto ciudadano y por cierto, mucho menos, un buen cristiano, si decidiera «permanecer en el pecado» de ser LGTBIQ+.

El criminalizar a alguien por lo que es se llama derecho penal de autor, que no sanciona a nadie por haber hecho algo incorrecto, sino precisamente por ello: por ser algo en específico.

Su última encarnación oficial (porque extraoficialmente eso siempre ha habido, está habiendo y me temo que seguirá habiendo) fue el derecho penal nazi, que precisamente sancionaba con la muerte a los integrantes de la comunidad LGTBIQ+, igual que a los gitanos, que a los rosacruces y que a los judíos. No porque hubieran hecho algo indebido, sino porque eran LGTBIQ+, gitanos, rosacruces o judíos: el crimen es su mera existencia.

Creo que Alejandro Muñante todavía no postula que se criminalice ser LGTBIQ+, pero al paso que vamos, ¿faltará mucho para ello?

¡Alerta de fundamentalismo!

¿Deben los evangélicos participar en política?

Al observar el comportamiento político de la mayoría de representantes evangélicos en el Congreso, y en general, el de las autoridades evangélicas en los diferentes espacios de poder a nivel nacional, uno se queda pensando si los evangélicos realmente deberían participar en política.

Hace unos años, el debate sobre la participación evangélica en política tenía una connotación de reivindicación del derecho de una minoría religiosa a verse representada en el espacio público. Mientras que, el día de hoy, el debate es más bien si los evangélicos que han conquistado lugares de representación pública, reflejan un mínimo de la ética evangélica que durante casi 150 años ha caracterizado la reflexión y el quehacer de las y los evangélicos en el Perú.

La cosa se ha puesto tan fea en cuanto al contenido de las propuestas de los políticos evangélicos, y sus formas de actuación son tan impresentables, que hace un par de días, un conocido pastor pentecostal, Darío López, se hacía la pregunta en una de sus publicaciones en Facebook: «¿Y este señor? ¿En serio es evangélico?», reaccionando a uno más de los disparates políticos del congresista Alejandro Muñante.

Los juegos de la democracia nos dirán que es legal que la sociedad organizada en movimientos y partidos políticos brinde su aporte, por ejemplo, en el campo de las políticas públicas o en el caso de las religiones, promoviendo un ideario o una doctrina social. Sin embargo, cuando la sociedad siente que necesita protección de las pretensiones totalitarias de las religiones que buscan restringir el avance de los derechos humanos, o cuando se quiere imponer una visión de un grupo religioso en particular a toda la ciudadanía, restringiendo las libertades, entonces, estamos en problemas y en serios problemas.

Para terminar esta nota mientras preguntamos a nuestra audiencia qué opinan acerca de si los grupos religiosos, como los evangélicos, deberían o no participar en política de una manera confesional, les dejamos el enlace a un video publicado por el Observatorio de los Fundamentalismos, del Centro de Investigación en Religión y Política – CIERP, en donde la congresista, también evangélica, Milagros Jáuregui ofende abiertamente a la comunidad LGBTIQ+, señalando que cuando están con unas copas encima, estas personas actúan como animales, refiriéndose a su vida sexual. ¿Cuánto más deberemos seguir soportando como ciudadanía los abusos, la ignorancia y la estrechez de corazón de los representantes y autoridades evangélicas y sus ofensivas y estrambóticas formas de pensar y hacer política? ¡Parece que no tienen vergüenza!: https://youtu.be/AQb9iOjtK14