«Todos son iguales. Pero algunos son más iguales que otros» —George Orwell. Rebelión en la granja, 1945
Por: Miguel Ángel Castro Mattos

Rafael López Aliaga sigue descendiendo a los abismos de la inmoralidad y la impunidad, abriendo más la distancia entre aquellos peruanos bajo el imperio de la ley y aquellos que pueden ser absolutamente impunes.
Ayer estuve documentando todo en la marcha de los que pretenden afirmar la existencia de un fraude en los resultados de las últimas elecciones.

Y veía como a los blancos que marchan se les permite absolutamente todo: cerrar calles, crear tráfico, generar bulla, insultar. Y no habrá para ellos detención, gas lacrimógeno, dispersión, golpes o encierro en las calles.

En cambio, si se sale a manifestar contra el gobierno, corres el riesgo de dormir en Cotabambas o en la Dircote. O de terminar con una bomba lacrimógena partiéndote la tapa del cráneo. O tu bus llevado al almacén y tú preso por pedir que cesen las extorsiones.
